Coguer veg

Andrés, si te lo digo, tendría que narrar mi respuesta y no la tuya. Además, la insistencia del mundo adulto por fo- mentar dicha lectura no hace sino aumentar esta antipatía. Por cierto, Andrés, ¿vas a seguir interrumpiéndome? —Oye, ¿qué opinas tú, como narrador, sobre el im- pacto de la novela "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" en la época actual? Por su grosor, por tratarse de un castellano tan alejado de nuestra forma de hablar y por estar protagonizado por un personaje viejo, achacoso y que, si se me permite la expresión, está como una regadera, este texto no contiene, a primera vista, ninguno de los ingredien- tes idóneos para incitar a su lectura a un joven de nuestros días. Este examen, en concreto, se les estaba haciendo 11 M. Parece que ha decido hacer lo que no habéis hecho muchos: estudiar. Una conversación con Ernesto llena de tanta intriga que no podía ser apartada de su consciencia. Sí, sí, a mí me la vas a dar a tú, que te lo crees tú eso, mírale qué listillo el chaval. Fue a escribir una palabra, paró, miró hacia arriba, de nuevo hacia el papel y comenzó su examen: "En nuestros días, esta novela se ha convertido 12 La Mesa del Tiempo en el texto más antipático al que cualquier joven de secundaria tiene que enfrentarse.

Los cassogitos (que así lo pronunciaba Dominoe) salta- ban, corrían, ladraban y lo mordían todo. Andrés y Andrea se despidieron de Antón y de su tío.

No es Londres, pero me valdrá igual para aprender inglés; además, no se puede negar que es un pueblo con cierto valor cultural. Así fue cómo Dominoe comenzó a decir que echaba un poco de menos la acción, la adrenalina de su an- tiguo trabajo de superespía, pero que, solo por ver a Aro tan feliz, tan cambiado, alejado de sus anteriores 19 M. Kepler actividades (no siempre legales), el cambio de vida le había merecido la pena. Después, le llegó el turno a Antoine, que empezó a contarle a Dominoe que no se había marchado de la 20 La Mesa del Tiempo de Andrés y Andrea, ni de la bahía de Cádiz, desde que terminó la aventura con La Orden de los Caballeros Tímidos.

Les contaba también a los chicos que, en Pekín, cuando se aburría, se transfor- maba en gata y se colaba en La Ciudad Prohibida. Le explicaba también que la bahía y el brazo de mar (el llamado río San Pedro) era un lugar estupendo para practicar windsurf por el fuerte viento de Levante, aunque había veces en que se escapaba a Tarifa. Creo que es este viento el que te sujeta fuegtemente a Emilia — intuyó Dominoe con su agradable acento francés.

Mis amigos, Andrea y yo hemos vivido momentos dignos de ser registrados por la historia o, mejor dicho, por la tempohistoria, y, a causa de esto, no nos hemos podido ocupar de otros menesteres más cotidianos como, por ejemplo, preparar con suficiente antelación los exámenes del primer trimestre. Kepler Delante del examen, las intrigantes palabras de Er- nesto vuelven a sonar en mi cabeza sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. ¿Quién en su lectura no ha sido un poco don Quijote 13 M. Kepler y ha deseado que los gigantes fuesen reales y que, en sus andaduras, se enfrentase a verdaderos caballeros andantes?

Alonso Quijano, harto de vivir aventuras por boca de otro, decide experimentarlas en sus propias carnes y el resto de la humanidad (la cordura en mayúsculas) decide obstaculizarle y burlarse de ese placer.

62 comments

  1. Ahora, veg´eis lo que es bueno, dijo mont´ando en c´olera. Sin que los ratones tuvieran un segundo para reaccionar. ella, y ech´o a coguer llogando.

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